05 marzo, 2014

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¿Han visto un zafiro de mar?

Pues, yo no. Es la primera vez que veo en video a este increíble animal y he quedado fascinado.


Los zafiros de mar pertenecen al género Sapphirina, un grupo de copépodos que brillan de diferentes colores, desde el dorado hasta el azul —como en este caso— al igual que una piedra preciosa. El pequeño crustáceo no emite fluorescencia sino que el brillo se debe a pequeñas placas de cristales que tienen dentro de sus células, las cuales están separadas a 400 nanómetros unas de otras, la misma medida que tiene la longitud de onda de la luz azul. De acuerdo a la distancia de separación de estos cristales, el pequeño animal reflejará un determinado color. A este fenómeno se conoce como iridiscencia. También juega un papel importante el ángulo al cual incide la luz, por lo que en ciertos casos el animal desaparece: las ondas de luz reflejada a interfieren unas con otras, cancelándose.
   
Aquí una foto capturada por Stefan Siebert donde se aprecia este fenómeno de la iridiscencia en toda su magnitud en otra especie de zafiro de mar.
   
Vía | Deep Sea News.

04 marzo, 2014

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El virus gigante que revivió después de 30.000 años

Virus más grandes que bacterias. Virus que incluso pueden ser infectados por otros virus. Virus con tantos genes que podrían formar una nueva rama evolutiva en el árbol de la vida. Sin dudas, el mundo de los virus gigantes es realmente fascinante. Y como si no tuviéramos suficiente, un nuevo estudio publicado el lunes en PNAS nos muestra como un virus gigante es "despertado" después de estar "criogenizado" por 30.000 años, o sea, un Futurama versión virus. 

Sobre este tema se ha hablado en casi todos los medios de comunicación científica: National Geographic, Science News, USA Today, New Scientist, aunque personalmente recomiendo las versiones de Materia (en español), Nature News (por Ed Yong) y en The New York Times (por Carl Zimmer); por lo que tendré la ventaja de contar con mucho material para hablar sobre este descubrimiento.

Micrografía de un Pithovirus que en parte izquierda parece tener una estructura similar a un corcho.

Hace 10 años, un grupo de investigadores franceses estudiaron una extraña bacteria que infectaba a las amebas. Lo extraño era que, por más que lo intentaban, no podían aislar y secuenciar el gen correspondiente a la subunidad 16S del ADN ribosomal, un marcador específico de las bacterias que permite identificarlas. No tardaron mucho en darse cuenta que la forma de este organismo no se parecía en nada al de las bacterias, era icosaédrico, y su mecanismo de infección era propio de los virus. No había duda, lo que habían descubierto era el virus más grande conocido a la fecha con 0,7 micras de longitud y un genoma con algo más de un millón de pares de base (1 Mb), que codificaban aproximadamente 1000 genes. Lo llamaron Mimivirus. 

Luego, en el 2011, los mismos investigadores, esta vez liderados por los esposos Jean-Michel Claverie y Chantal Abergel, descubrieron en las costas chilenas un virus que tenía un tamaño similar al Mimivirus, pero con un genoma ligeramente más grande. Se trataba del Megavirus. Parecía que estos investigadores se empecinaron en batir todas las marcas en lo que a tamaño de un virus se refiere. En julio del 2013 descubrieron un virus de un tamaño colosal: 1000 nanómetros (1 micra) y 2500 genes. Lo llamaron Pandoravirus. 

Estos virus se agruparon en dos clases: los Megaviridae, con forma icosaédrica, de 0,7 micras de longitud y un genoma de aproximadamente 1 Mb; y los Pandoravirus, con forma de ánfora, con 1 micra de longitud y genomas que pueden alcanzar los 2,8 Mb. Los Megaviridae requieren de las enzimas del núcleo de la célula hospedera para poder replicarse, mientras que los Pandoravirus lo hacen por su propia cuenta en el citoplasma ya que sus 2500 genes codifican todo lo que necesitan para multiplicarse.

Ahora, un nuevo tipo de virus gigante hace su ingreso por la puerta grande y ha esperado más de 30.000 años para reclamar su lugar como el virus más grande del mundo, claro, si es que no aparece por ahí otro que sea mucho más grande; y al ritmo que vamos, es muy probable que sí. 

Hace un par de años, un grupo de investigadores rusos liderados por David Gilichinsky lograron revivir plantas después de 30.000 años a partir de frutos y semillas que permanecieron congelados en el permafrost de Siberia, cerca al río Kolyma. Entonces, Jean-Michel Claverie se preguntó si también sería posible revivir a un virus de esta forma. Solicitó las muestras que fueron colectadas por el equipo ruso en el año 2000 en la tundra de la región de Chukotka, de un despeñadero de 23 metros a orillas del río Anui. Este bloque de hielo permaneció congelado por al menos 30.000 años (según la datación por radiocarbono), cuando los mamuts y los neandertales caminaban por la tierra. 

Luego, expusieron las muestras a distintos medios de cultivo utilizando como cebo a las amebas (por ahora, los principales hospederos de los virus gigantes conocidos a la fecha). Después de una larga espera, observaron en una de las placas que las amebas empezaban a morir. Inmediatamente aislaron y purificaron al virus para poder estudiarlo con mayor detalle. 

El virus tenía nada menos que 1,5 micras de longitud y 0,5 micras de diámetro (1000 veces más grande que un típico virus de la gripe), batiendo la marca impuesta por el Pandoravirus en el 2013. Morfológicamente se parece mucho a éste último, tiene forma de ánfora (de ahí su nombre Pithovirus), pero con una abertura en el extremo de la partícula viral que aparece sellada por un tapón que sobresale y que tiene una estructura de rejilla hexagonal. La secuenciación de su ADN reveló otra diferencia: este sólo tenía 0,6 Mb, de los cuales, el 67% no se parecía a nada conocido hasta la fecha. Esta poca cantidad de ADN en un virus de gran tamaño, hace que su genoma esté 150 veces menos compactado que en cualquier otro virus.



Otra diferencia importante es que su ciclo de vida se parece más al de los Megaviridae que al de los Pandoravirus, esto debido a su menor cantidad de genes que hace necesario que dependa de las enzimas del hospedero. 

El análisis de sus secuencias de ADN revela que corresponde a un tercer tipo de virus gigantes. Esto además refuerza la hipótesis que estos virus formarían parte de un nuevo dominio en el árbol de la vida porque muchos de sus genes tienen homólogos en procariotas, arqueas y eucariotas, especialmente los genes que codifican la maquinaria de traducción de proteínas, lo que indicaría que comparten un mismo ancestro común con todos los seres vivos pero que evolucionaron en sentido inverso, o sea, reduciendo el tamaño de su genoma, perdiendo genes y adaptándose a una vida parasitaria dentro de una célula hospedera. Para ello los investigadores seguirán trabajando hasta encontrar nuevos especímenes que refuercen su teoría. 

Por otro lado, se ha generado una especie de miedo que se ve reflejado en todas los artículos que he leído. En vista que los investigadores han demostrado resucitar un virus completamente nuevo después de 30.000 años, es probable que con el calentamiento global y las extracciones petroleras en Siberia, se derrita el hielo del permafrost y despierten a otros virus que ahí puedan estar presentes. Estos virus podrían llegar a infectar a los humanos y causar enfermedades para las cuales no estamos preparados. Esta hipótesis podría ser cierta pero tal vez no sea muy probable que ocurra ya que los virus son muy específicos con sus hospederos. Tal vez si estos virus infectaron a algún ancestro humano o especie relacionada con nosotros podría llegar a infectarnos. 

Como bonus track, unos selfies de este nuevo virus gigante:

03 marzo, 2014

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¿Cómo saltarse el embargo?

Me enteré por un retuit de @lagamez (Luis Alfonso Gámez) de algo graciosísimo: una forma de saltarse el embargo.
   
En el periodismo científico es muy común el embargo. ¿En qué consiste? Acá una breve explicación.

Primero, un científico descubre algo interesante o corrobora una hipótesis después de años de trabajo y peripecias para conseguir financiamiento para su investigación. Este descubrimiento lo envía a una revista científica a través de un manuscrito en el que detalla todos los pasos que hizo (la metodología) para obtener sus resultados, así como también la importancia que tiene este trabajo y la relación que tiene con trabajos similares hechos por otros investigadores anteriormente. La revista científica envía este manuscrito a un par de expertos en el tema (árbitros), los cuales, en la mayoría de los casos, se mantienen en el anonimato, para que analicen el trabajo realizado y determinen si la metodología empleada es la más adecuada y los resultados obtenidos son significativos o verídicos. Después de intercambiar correos entre el editor de la revista y el investigador que envió su trabajo, en el cual se le puede pedir que corrija o cambie algunas cosas o incorpore más información que sustente sus resultados, el manuscrito finalmente aceptado y editado para su publicación oficial en la revista.

En ciertas ocasiones, el artículo puede resultar muy interesante que la revista no tiene mejor idea que promocionarlo en los medios (de esta manera ellos también se autopromocionan). La revista manda un comunicado de prensa y una copia del artículo original a diferentes medios de comunicación antes de la publicación oficial del artículo, para que ellos se encarguen de entrevistar a los autores o a otros expertos en el tema, y así puedan elaborar una buena nota periodística que ayude a difundir el estudio. No obstante, se les pone una condición: que no difundan nada referente al artículo hasta una fecha y hora determinada que, por lo general, coincide con la fecha y hora de publicación del artículo. A esto se le llama embargo. 

En este caso, Tribuna no respetó el embargo, seguramente, debido a un error en la programación del artículo o porque un novato no leyó la aclaración del subtítulo "Esta noticia está embargada hasta las 21:00 (hora española)" y publicó la nota de prensa del artículo varias horas antes de la hora preestablecida por PNAS. 

Pueden pasar a ver la noticia para ver de qué trataba el estudio o esperar un par de horas para descargar el pdf original.

02 marzo, 2014

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Biogeografía microbiana dentro de un edificio

Estamos frente al nacimiento de una nueva rama de la biología: la microbiología de interiores. Si quieres dedicarte a esto debes ser un microbiólogo con estudios de especialización en diseño de interiores. Puede sonar a broma pero no lo es porque el diseño arquitectónico de una edificación puede influir en los microorganismos que en él habitan. 

Hagamos un ejercicio sencillo para darnos cuenta de esto. En tu departamento tienes una sala, uno o más dormitorios y un baño. En cada uno de estos ambientes, las condiciones ambientales del entorno (temperatura, humedad, ventilación, iluminación, presencia de materia orgánica, etc.) serán diferentes. El baño puede ser un lugar poco iluminado y húmedo. La sala es más iluminada, ventilada y con la presencia de algunas plantas. Mientras que las habitaciones son lugares más frescos que pueden tener un contacto directo con el jardín o la calle. Estos factores pueden influir en la composición de microorganismos que ahí viven y cohabitan con nosotros. 

Por otro lado, en nuestro cuerpo habitan microorganismos cuyo número supera en 10 veces al número total de células que tenemos. Esto quiere decir que nosotros transferimos millones de microorganismos cada vez que tocamos los interruptores de luz, digitamos el control remoto para cambiar de canal, usamos el retrete o abrimos el caño para lavarnos las manos. Además, muchos estudios han demostrado que la microbiota dominante asociada a cada persona difiere drásticamente entre sí, incluso esta "firma microbiana" podría usarse con fines forenses. Y si a esto le sumamos los microbios que ingresan a través de los canales de ventilación, las ventanas que dan hacia las calles o jardines, las mascotas que regresan de un paseo por el parque, etc., veremos que las comunidades microbianas dentro de las edificaciones son muy diversas. 

Este diagrama que aparece en un artículo publicado en el 2013 en Genome Biology resume las diversas fuentes y vías de transmisión de microorganismos que forman parte de un determinado ambiente construido.

Fuentes y vías de transmisión de comunidades microbianas | Fuente: Kelley & Gilbert, 2013.

En el mundo moderno, las personas pasan la mayor parte del día dentro de infraestructuras cerradas (casas, departamentos, oficinas, restaurantes, salones de clase, etc.), cada uno con una composición microbiana distinta que podrían influir directa o indirectamente sobre nuestra salud. 

Jessica Green es profesora asociada de la Universidad de Oregon y especialista en ecología microbiana. Ella y su equipo trabajan en una nueva área de investigación que sugiere que las decisiones que se toman en el diseño —desde la elección del sistema de ventilación a los materiales elegidos por el diseñador de interiores— dan forma a las comunidades microbianas que hay a nuestro alrededor. Su trabajo es de vital importancia, por ejemplo, en la construcción de hospitales, para evitar que los ambientes sean propicios para la proliferación de microbios que afecten a la salud de los pacientes y usuarios y reducir la probabilidad de infecciones intrahospitalarias. 

Para corroborar sus hipótesis, Green y su equipo decidieron hacer un análisis microbiológico de todos los ambientes de uno de los edificios del campus de la Universidad. Para ello colectaron 155 muestras ambientales de diferentes puntos del edificio. Luego extrajeron el ADN de los microorganismos aislados en las placas de cultivo y secuenciaron una porción muy conservada del genoma bacteriano llamada 16S, para su respectiva identificación. 

Los resultados mostraron que diferentes ambientes tienen distintos perfiles bacterianos dependiendo de la disposición en el edificio, el uso que le dan, el movimiento de personas o la fuente de ventilación. En los baños, por ejemplo, la mayoría de los microorganismos detectados correspondían a grupos de bacterias comúnmente asociados con la microbiota intestinal y de la piel (Lactobacillus, Staphylococcus y Clostridiales). Las oficinas, especialmente aquellas con ventanas que dan hacia el jardín, tenían niveles más altos de bacterias del suelo como Methylobacterium; mientras que las oficinas con ventilación mecánica tenían más Deinococcus, una bacteria sumamente resistente a condiciones extremas que pueden encontrar vivir sin problemas en los conductos del sistema de calefacción de los interiores. Asimismo, los perfiles bacterianos tendieron a ser más parecidas cuanto más cercanas o contiguas estaban las habitaciones.

Composición microbiana de los ambientes del edificio. Vía | WiredScience.

La Dra. Green también forma parte del "Hospital Microbiome Project" que pretende estudiar el microbioma de un hospital. Para ello, los investigadores colectarán muestras de las superficies, el aire, el personal y los pacientes del nuevo pabellón del hospital de la Universidad de Chicago con el fin de comprender mejor los factores que influyen en el desarrollo de la población bacteriana en los entornos sanitarios, especialmente los microbios y los virus que pueden influir en la propagación de las infecciones hospitalarias. 

Entonces, si estás pensando en especializarte algo fuera de los común y novedoso en el país, ya sabes hacia donde enfocarte. 

Vía | WiredScience.

#time-lapse: Formación de copos de nieve bajo el microscopio

Una pequeña partícula de polvo flota en el aire. De pronto, pequeñas gotas de agua que hay en la atmósfera se adhieren a su superficie y si la temperatura de las nubes es muy baja, el agua se congela tan rápidamente que forman pequeños cristales planos y hexagonales en vez de hielo común y corriente conocido como granizo. Los cristales formados tienen esa forma debido a que el ángulo que forman los átomos de hidrógeno en las moléculas de agua son de 120º, el mismo ángulo que tienen las esquinas en una red hexagonal. Luego, más moléculas de agua se adhieren a los cristales que crecen y se ramifican más rápido por las esquinas que por las caras. Finalmente la humedad y temperatura del aire, así como también las ráfagas de viento, moldearán su forma final.

Ahora, gracias a este time-lapse podremos ver este proceso en video. Simplemente, espectacular.


Vía | Vimeo.

21 febrero, 2014

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Papa transgénica resistente a la rancha

Imagina que el pie de atleta matara. Que cada año miles de personas en el mundo fallecieran a causa de esta enfermedad. Que constantemente debas aplicarte tu Hongocid® entre los dedos del pie para evitar la muerte. Bueno, algo así es lo que ocurre con la papa. Un hongo llamado Phytophthora infestans es capaz de acabar con los sembríos de este importante cultivo en un par de semanas.

Phytophthora infestans. Fuente: Wikimedia Commons
Phytophthora infestans. Fuente: Wikimedia Commons

Me dicen el hongo asesino, me dicen el hongo bien latino (8)

P. infestans es un hongo que produce una enfermedad conocida como el tizón tardío (de cariño, la “rancha”). Este hongo fue responsable de una de las peores hambrunas de la historia europea que, entre los años 1845 y 1849, acabó con todas las cosechas de papa de Irlanda y de algunas otras regiones de Europa. Un millón de personas perdieron la vida y otro millón migró hacia Norteamérica. Si viste la película “Pandillas de Nueva York”, ahora entenderás de dónde salían tantos irlandeses.

Este hongo se originó en los andes peruanos y llegó al viejo continente durante la colonia. Para que se desarrolle adecuadamente requiere de climas templados (12ºC - 15ºC) y húmedos (90% de humedad relativa), al menos por dos días consecutivos. Si se dan estas condiciones, es necesario aplicar inmediatamente el fungicida porque una vez que el hongo se desarrolla en la planta, es imposible eliminarlo.

Carrera armamentista

No todas las papas son susceptibles al ataque de P. infestans. Existen variedades y especies silvestres que de manera natural son resistentes al ataque de este hongo. ¿Cómo lo hacen? Pues, para entenderlo, hablaremos un poco sobre la coevolución de un patógeno con su hospedero.

Por lo general, los agentes patógenos, sea cual sea su naturaleza (una bacteria, un virus, un hongo, etc.), atacan de manera específica a un determinado organismo, al cual llamaremos hospedero. El hospedero, por su parte, ha evolucionado la capacidad de reconocer a estos patógenos a través de las moléculas presentes en su superficie, para así activar oportunamente un mecanismo de defensa.

Hasta ahí todo bien. Pero los patógenos no se quedan con los brazos flagelos o hifas cruzadas. Ciertas mutaciones en su ADN pueden provocar ligeros cambios en la estructura de las moléculas presentes en su superficie, evitando así ser reconocidos por los hospederos. No obstante, el hospedero desarrollará nuevos receptores —o modificará los existentes— para que sean capaces de reconocer a los patógenos nuevamente. Y así el ciclo se repite una y otra vez, por los siglos de los siglos.

Otra estrategia empleada por los patógenos para lograr su cometido es producir moléculas que se infiltran en el hospedero y bloquean, desde adentro, su mecanismo de defensa. A estas moléculas se les conoce como efectores. Para entenderlo mejor, es como esparcir un potente somnífero a través del conducto de ventilación de una base militar para que todos los vigilantes se duerman y así el enemigo pueda ingresar al cuartel sin problemas. Pero el hospedero también cuenta con un as bajo la manga: uno o más genes de resistencia que sólo se activan ante la presencia de los efectores.

Modo de acción de los efectores y genes de resistencia.
Modo de acción de los efectores y genes de resistencia.

En resumidas cuentas, esto es una carrera armamentista: el patógeno desarrolla nuevos mecanismos de infección y el hospedero nuevas formas de defenderse.

Préstame tus genes

En el 2009 se determinó la secuencia del genoma de P. infestans y, en el 2011, del genoma de la papa. Lo interesante de estos estudios fue que se identificaron al menos 563 efectores y 438 genes de resistencia, respectivamente. El problema es que en la mayoría de las zonas productoras de papas se cultivan unas pocas variedades mejoradas, todas genéticamente idénticas, que reducen el repertorio de genes de resistencia que podrían estar presentes. Esto favorece a P. infestans que rápidamente encuentra la forma de evadir su mecanismo de defensa, acabando así con toda la cosecha.

La mayor parte de los genes de resistencia se encuentran en las especies silvestres. Los fitomejoradores han tratado de pasar estos genes a las variedades comerciales pero con poco éxito debido a que estas no se pueden cruzar fácilmente: las papas cultivadas tienen cuatro copias de su ADN (tetraploides), mientras que las silvestres solo dos (diploides). Además, en los cruces no sólo se traspasan los genes “buenos” de las especies silvestres, sino también los “malos”, provocando que las variedades mejoradas pierdan sus combinaciones favorables de genes. Una forma de traspasar los genes “buenos” de una especie a otra es mediante la ingeniería genética.

Es así que un grupo de investigadores ingleses, liderados por el Dr. Jonathan Jones del Sainsbury Laboratory, han desarrollado una papa transgénica de la variedad Desiree capaz de resistir el ataque de P. infestans utilizando los genes de resistencia de sus parientes silvestres. Los resultados aparecen publicados esta semana en Philosophical Transactions of the Royal Society B.

Los primeros ensayos

En primer lugar, Jones y su equipo aislaron los genes de resistencia Rpi-vnt1.1 de Solanum venturii —papa silvestre originaria de Argentina— y Rpi-mcq1 de Solanum mochiquense —originaria de Perú— y los introdujeron, por separado, en la variedad Desiree. Las papas transgénicas resultantes no mostraron diferencias visuales con respecto a sus contrapartes no transgénicas, ni tampoco diferencia en los rendimientos cuando fueron cultivadas en zonas libres del patógeno.

Luego, una vez obtenido el permiso para realizar los experimentos controlados en campo, se propusieron a sembrar 192 plantas transgénicas cada año (2010 - 2012) agrupadas en bloques, para evaluar su respuesta ante el ataque de P. infestans.

Durante el primer año (2010), las condiciones climáticas no fueron las adecuadas para el desarrollo del patógeno. Las temperaturas de junio y julio estuvieron muy bajas y la humedad relativa nunca alcanzó el 90%. A mediados de agosto, las condiciones para el desarrollo del hongo mejoraron y empezaron a aparecer los primeros síntomas de la rancha. Tres semanas después, las papas transgénicas Rpi-vnt1.1 redujeron la severidad de la enfermedad entre un 50% y 80%. La otra papa transgénica (Rpi-mcq1) no funcionó y se infectó completamente al igual que la papa no transgénica (control). Sin embargo, como la enfermedad llegó bastante tarde, los tubérculos ya se habían desarrollado por lo que no hubo diferencia en el rendimiento entre las lineas transgénicas y el control.

Para el segundo año de experimentación se dejó de lado la línea transgénica que no funcionó. Las condiciones climáticas fueron menos favorables aún —para el patógeno— que en el año anterior. La rancha no apareció hasta la primera semana de septiembre, cuando las plantas ya estaban en la etapa de senescencia (envejecimiento). En este caso, tanto la línea transgénica como el control se vieron infectadas por el hongo en un 95% a 100%. Esto indicaría que las plantas se vuelven más susceptibles a la rancha en la senescencia, sea o no transgénica. Pero eso no importa, porque los tubérculos ya se habían formado y los rendimientos fueron los mismos.

Fue una lástima que los dos primeros años de estudio no dieran resultados promisorios. Hasta este punto no se sabía realmente si la línea transgénica era resistente a la rancha y podía evitar la pérdida del cultivo. Pero así es la ciencia, no todo es ¡Eureka!

A la tercera, la vencida

Por suerte, en el último año de estudio se dieron todas las condiciones climatológicas favorables para el desarrollo del patógeno. De hecho fue el quinto verano más húmedo de los últimos 100 años. A mediados de julio aparecieron los primeros síntomas de la rancha y, un mes después, la enfermedad atacó al 100% de las papas no transgénicas y su rendimiento cayó en un 50% a 75%, cosa que no ocurrió con la línea transgénica.

Izquierda: papa transgénica. Derecha: control atacado por P. infestans
Izquierda: papa transgénica. Derecha: control atacado por P. infestans

Si bien es cierto que los datos no prueban que la introducción del gen Rpi-vnt1.1 es suficiente para proteger a la papa de la rancha en condiciones no controladas de un campo de cultivo, el trabajo es un gran avance hacia el desarrollo de una línea transgénica de papa que sea genéticamente estable y que no se haya visto alterada su funcionalidad, algo que sí ocurrió con la primera papa transgénica resistente a insectos, NewLeaf®, desarrollada en los años 1990 por Monsanto. En aquel caso, la transformación genética volvió susceptible a la planta contra una plaga de nemátodos.

No debemos olvidar que P. infestans cuenta con una gran cantidad de efectores que le permiten sortear las defensas de las variedades mejoradas de papa. Sin embargo, existen efectores que se mantienen constantes (conservados) en variedades del patógeno porque realizan funciones vitales para el organismo. Encontrar genes de resistencia para estos efectores indispensables prolongaría la protección del cultivo porque el patógeno tardaría más tiempo en encontrar un reemplazo funcional para este efector.

Y para concluir, debemos recalcar que el Perú cuenta con decenas de especies silvestres de papas y cientos de variedades nativas que están a la espera de que algún día aprovechemos su riqueza genética. Lo primero es hacer estudios de bioprospección para identificar y caracterizar genes de resistencia para ser utilizados en el mejoramiento de nuestras variedades comerciales a través de la ingeniería genética.


Referencia:

ResearchBlogging.orgJonathan D. G. Jones, Kamil Witek, Walter Verweij, Florian Jupe, David Cooke, Stephen Dorling, Laurence Tomlinson, Matthew Smoker, Sara Perkins, & Simon Foster (2014). Elevating crop disease resistance with cloned genes Philosophical Transactions of the Royal Society B DOI: 10.1098/rstb.2013.0087

 


BioUnalm

 

15 febrero, 2014

¿Dónde nace el río Amazonas?

— Pues, en la Cordillera de los Andes—, responden todos al unísono.

— ¿Algo más preciso?—, pregunta nuevamente el profesor a sus alumnos de geografía. Todos se voltean y miran al más inteligente de la clase.

— ¡En el Nevado Mismi querido profesor!, en el departamento de Arequipa.

— ¡Qué bruto, póngale cero!—, grita su compañero del costado.

— Pero, ¿por qué?, si la respuesta es correcta—, le impera el profesor.

— No profesor. Según un reciente estudio publicado en Area, el origen del río Amazonas se ubica en la Cordillera de Rumi Cruz, en el Departamento de Cerro de Pasco.

Río Amazonas. Fuente: Revista Mundo Verde
Río Amazonas. Fuente: Revista Mundo Verde

El origen del río Amazonas siempre ha sido materia de debate. Por lo menos cinco afluentes han sido considerados como el origen del río más caudaloso y, posiblemente, más largo del mundo: los ríos Marañón, Huallaga, Mantaro, Apurímac y Urubamba - Vilcanota.

En 1971, tres exploradores de National Geographic, liderados por el periodista Loren McIntyre, siguieron el cause del río Apurímac e identificaron el pico del nevado Mismi como el punto de origen del río Amazonas. Lamentablemente, no se contaba con los sofisticados equipos de medición y posicionamiento global con los que contamos actualmente que permitieran verificar la posición exacta.

Veintinueve años después, una nueva expedición de National Geographic conformada por 22 exploradores de diferentes nacionalidades, entre ellos el reconocido geógrafo Andrew Johnston del Museo Nacional del Aire y del Espacio, y liderados por el profesor de matemáticas Andrew Pletowski, instalaron su base cerca de un lugar donde confluían varios afluentes del río Apurímac. Con ayuda de varios GPS y equipos de medición lograron mapear el terreno y establecer los límites donde las aguas vierten hacia el Amazonas o hacia el Pacífico. Fruto de este trabajo determinaron que la cabecera del río Apurímac y, por lo tanto, origen del río Amazonas era la laguna de Ticlla Cocha, en la base del nevado Mismi.

Nevado Mismi. Fuente: Human and Natural
Nevado Mismi. Fuente: Human and Natural

Pero, ¿cómo se determina el lugar donde nace un río? Según los entendidos en el tema es el punto más alejado del afluente más largo que desemboca en una determinada cuenca, algo así como el lugar donde cae la primera gota de lluvia o se derrite el bloque de hielo que forma una corriente de agua que finalmente desemboca en una cuenca.

Es así que James Contos, miembro de una ONG dedicada a conservar los ríos de Latinoamérica, y Nicholas Tripcevich, investigador de la Universidad de California Berkeley, utilizando mapas topográficos, imágenes satelitales, datos hidrográficos digitales y datos de localización por GPS, han demostrado que es la cordillera de Rumi Cruz (10.7320°S, 76.6480°W y a una elevación de 5220 metros) el lugar donde nace el río Mantaro, uno de los principales afluentes del Amazonas. Este descubrimiento sumaría entre 72 y 95 Km a la longitud —aún no determinada— de este majestuoso río.

Río Mantaro. Foto: Otto Tiger
Río Mantaro. Foto: Otto Tiger

Según Contos, la razón por la cual se pasó por alto al río Mantaro es que presenta una torsión u horquilla que lo hace parecer más corto de lo que realmente es. Mediciones más precisas han demostrado que el río Mantaro es un 10% más largo que el río Apurímac.

Punto de origen del Amazonas más aceptado. Fuente: National Geographic.
Punto de origen del Amazonas más aceptado.
Fuente: National Geographic.

Sin embargo hay un pequeño problema. En los Andes peruanos hay estaciones del año donde no hay lluvias (especialmente en invierno) que afectan el cause de los ríos. Algunos de ellos no tienen flujos continuos durante todo el año. Debido a esto, a lo largo del río Mantaro se han construido varias represas para poder almacenar el exceso de agua que hay durante las temporadas de lluvia, y algunas de ellas son utilizadas para poner en funcionamiento centrales hidroeléctricas. Una de estas represas desvía el curso del río dejando una porción desprovista de agua durante los meses de sequía. Para Juan Valdés, geógrafo de National Geographic, es importante que el agua fluya constantemente durante todo el año para que el afluente sea considerado como el verdadero origen de un río, por lo que el río Mantaro no cumpliría con este requisito.

Contos y Tripcevich responden que los cambios temporales que sufre el cause de un río a razón de alteraciones hechas por el hombre no deberían ser un obstáculo para determinar el origen de un río. Por su parte Johnston dice “suponiendo que las mediciones resistan un examen riguroso, creo que el Mantaro sí podría ser considerado como un nuevo origen del Amazonas, pero no el origen”, ya que cuando el Mantaro está seco “es el Apurímac, una vez más, por donde el agua fluye la mayor distancia hasta el Amazonas”.

Para concluir, es muy probable que el Amazonas sea el río más largo del mundo, pero ello requiere conocer su longitud exacta y esta podrá ser determinada siempre y cuando conozcamos dónde se origina.


Referencias:

ResearchBlogging.orgJames Contos, & Nicholas Tripcevich (2014). Correct placement of the most distant source of the Amazon River in the Mantaro River drainage Area, 46 (1), 27-39 DOI: 10.1111/area.12069

Jane J. Lee. Where Does the Amazon River Begin? National Geographic (2014).

Imágenes | Revista Mundo Verde, Human & Natural, Otto Tiger.