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24 enero, 2022

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¿Cómo eran los primeros tomates que llegaron a Europa?

Las primeras exploraciones europeas al continente americano, allá por inicios del siglo XVI, trajeron consigo muchas riquezas, especialmente, plantas que eran cultivas y consumidas al otro lado del mundo. Una de ellas fue el tomate. Hoy es la hortaliza más cultivada en el mundo. Anualmente se producen unas 180 millones de toneladas en 4.85 millones de hectáreas.

Los tomates de hoy no se parecen ni saben como los que llegaron a Europa hace 500 años. Esto se debe a que la selección y mejora genética, que se ha dado por décadas, se orientó hacia la obtención de frutos más redondos, uniformes y resistentes, que duren más en los anaqueles de los supermercados y resistan el aplastamiento. La consecuencia fue que, en el proceso, se perdieron aquellos genes y alelos que codifican mayores niveles de azúcares y compuestos volátiles, que son claves en el sabor de este fruto.

Con el fin de saber la apariencia que tenían los primeros tomates que llegaron a Europa, un grupo de investigadores neerlandeses recopiló información de herbarios, publicaciones e ilustraciones del siglo XVI. De acuerdo con el estudio publicado en PeerJ la primera descripción del tomate la hizo el naturalista italiano Pietro Andrea Matthioli, allá por 1544. Asimismo, a inicios la década de 1550, aparecieron las primeras ilustraciones de los tomates.

Las ilustraciones muestran tomates con una gran variedad de formas (alargadas y rechonchas, otras con surcos similares a calabazas) y colores (rojos, naranjas y amarillos). Esto explica su nombre italiano: pomo d’oro (manzana dorada).

Sin embargo, no se pudo determinar la procedencia ni el año exacto en el que llegaron los primeros tomates a Europa. Para acercarse a esta respuesta, los investigadores lograron aislar y analizar una pequeña porción de ADN de una muestra herborizada de tomate, que fue colectada por Francesco Petrollini en 1558, y que se conserva en el Herbario En Tibi.

Si bien solo se secuenció el 2 % del genoma de este tomate herborizado, se pudo comparar las secuencias con otras depositadas en el GenBank. El árbol filogenético muestra una relación cercana con tres variedades locales mexicanas y dos accesiones procedentes de Perú. 

La evidencia histórica apunta a que los tomates llegaron a Europa de Mesoamérica. No obstante, hoy se sabe que en el Perú también existían formas semidomesticadas y primitivas del tomate moderno, que posiblemente eran manejadas y consumidas por las poblaciones locales, pero que en algún momento de la historia se perdieron ya que se desconocen nombres del tomate en lenguas nativas andinas y amazónicas.

08 febrero, 2018

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A través de Instagram generan conciencia sobre la extinción de especies

Sean Gallagher es un fotógrafo y cineasta que está aprovechando su popularidad en las redes sociales para llamar la atención mundial sobre la crisis de la extinción de especies. A través del hashtag #everydayextinction en Instagram ha logrado convocar a 25 fotógrafos de vida silvestre, fotorreporteros y científicos aficionados a la fotografía para que muestren al mundo esta problemática, que día a día y de manera silenciosa le roba las especies a la naturaleza.

Su iniciativa surgió tras leer La sexta extinción: Una historia nada natural (2015) de Elizabeth Kolbert. Este libro le mostró cuán severa era esta crisis y cómo estaba afectando a toda la biodiversidad mundial. "Decidí que quería centrar más mi trabajo en la difícil situación de la biodiversidad y utilizar la fotografía y el cine para comunicar mejor este tema al público", comenta Gallagher en una entrevista.

Algunas fotos son realmente crudas, por ejemplo, la caza de rinocerontes para quitarles sus cuernos, pero es lo que ocurre todos los días en el continente africano, incluso dentro de los Parques Nacionales. Sin embargo, también se muestran fotos que nos dan cierto optimismo porque hay muchas instituciones y personas que vienen trabajando para evitar que muchas especies desaparezcan de la faz de la Tierra.

"Al utilizar la fotografía para comunicar la difícil situación de la biodiversidad, esperamos alentar el diálogo sobre las causas, los efectos y las soluciones a la crisis de extinción", puntualiza Gallagher.


Imagen del cráneo de un mono capuchino marrón (Sapajus apella), una especie que se encontraba en los bosques ubicados hacia el este de los Andes, en la cuenca del río Orinoco. Hoy en día, su hábitat esta seriamente amenazado por la deforestación para la agricultura y ganadería. Además es comercializado ilegalmente como mascota.


Elefantes haciendo trucos en un zoológico de Colombo, capital de Sri Lanka.


La iguana jamaiquina fue redescubierta en 1990 y, desde entonces, un exitoso programa de repoblamiento viene funcionando.


En el Centro de Investigación y Conservación de China, los investigadores se visten de pandas para hacer seguimiento a los pandas criados en cautiverio y liberados a su ambiente natural.

25 enero, 2018

Recetario para que consumas tus productos nativos

Somos megadiversos. Nos jactamos de poseer miles de variedades de papas, quinuas de todos los colores y frutos con sabores exóticos. Pero ¿cuántos de estos productos los incorporamos en nuestro menú diario? Muy pocos. Tal vez se deba a qué no sabemos cómo prepararlos o cómo introducirlos en los platos tradicionales.

Es por ello que el Ministerio del Ambiente ha elaborado un recetario culinario cuyos principales ingredientes son productos nativos andinos y amazónicos, por ejemplo: el tarwi, la kiwicha, la quinua, el yacón, las castañas, el aguaymanto, el huasaí, la cañihua, entre otros. Si bien está orientado a diversificar la lonchera de los escolares de una forma saludable, los platillos pueden ser preparados como parte del menú diario de cualquier hogar.

Este recetario forma parte de la iniciativa “Frutos amazónicos y granos andinos contra la desnutrición y la pobreza” (FAGA) que busca reducir estos índices a través de la incorporación de la biodiversidad nativa en la alimentación de los peruanos, que a su vez busca un aprovechamiento sostenible de estos recursos. Por ello, los principales beneficiados serían las poblaciones rurales andinas y amazónicas, pues ellos pueden conseguir los ingredientes con mucha facilidad.

Aquí un adelanto de lo que podrás encontrar: Chancho en bijao con salsa de ungurahui.


 Ingredientes:
  •  100 g de ungurahui.
  • 500 g de carne de cerdo.
  • 1 ají dulce.
  • 1/2 cucharadita de mishquina (guisador a base de palillo).
  • 2 hojas de bijao
  • Pimienta
Preparación:

Primero debes cortar el cerdo en filetes, sazonándolo con pimienta, mishquina, una pizca de ají dulce molido y sal. Luego lo envuelves en una hoja de bijao y cocínalo a fuego lento en una parrilla, sartén u olla. Mientras tanto, cocinas el ungurahui en poca agua durante 15 minutos añadiéndole azúcar al gusto. Cuando alcance la consistencia de la miel le agregas una pizca de sal. Finalmente, usas esta salsa para bañar el cerdo recién cocido. Puedes acompañar este plato con tacachos.

Para descargar el recetario dale click a este LINK.

20 enero, 2018

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Conoce al hongo que brota de un huevo... mismo Alien

Clathrus archeri se llama un hongo que fácilmente podría haber salido de la imaginación de un escritor de ciencia ficción. Lo cierto es que la naturaleza siempre resulta ser más ingeniosa y creativa.


Basidiomas de C. archeri.

Este hongo es nativo de Tasmania (Australia), un lugar donde se pueden hallar formas de vida muy exóticas. A simple vista se asemeja a una estrella de mar roja brotando de un huevo blanquecino, muy parecido al de "Alien, el octavo pasajero". Sin embargo, para otros tiene la forma de la mano del mismo demonio emergiendo desde el fondo de la tierra, de ahí que es conocida también como los "dedos del diablo".



Otra peculiaridad de este hongo es el olor nauseabundo que emite su gleba (compartimento donde se producen y almacenan las esporas). Imita el aroma que emana la carne descompuesta, que sumado a su textura cartilaginosa, rojiza y con espacios huecos, atrae ciertos tipos de insectos ávidos de carroña. Las moscas son los principales visitantes, quienes al probar la gleba rica en azúcares, quedan impregnados por una especie de mucílago pegajoso cargado de cientos de esporas que serán diseminadas a diferentes lugares.

Es muchas regiones de Europa es considerada una especie invasora pues se adapta fácilmente a diversas condiciones climáticas. Pero ¿cómo atravesó el océano hasta llegar al viejo continente? Una teoría indica que lo hizo durante la I Guerra Mundial. Las esporas de C. archeri estaban adheridas en las botas de los soldados australianos que llegaron a Francia en 1914. Otra hipótesis —mucho más plausible— sugiere que lo hizo impregnada en la madera y lana de ovejas que se importaban desde Australia y Nueva Zelanda. En esos días, los controles sanitarios no eran tan rigurosos como lo son ahora.

Otro aspecto interesante es que este hongo no es tóxico para el ser humano. Puede ser ingerido sin problemas, pero cuando aún tiene la forma de huevo, cuyo olor y sabor es similar al rábano.

Hay otras especies del género Clathrus que también son muy llamativas como C. crispas y C. ruber. 


Clathrus ruber. Fuente: Wikipedia.

13 abril, 2012

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Descubren fósiles de los primeros organismos multicelulares macroscópicos

[Entrada publicada originalmente el 17 de Febrero del 2011]

La historia de la vida en la Tierra se inició hace unos 3,400 millones de años, con la aparición de las primeras bacterias. Sin embargo, tardaron más de mil millones de años en agregarse para formar los primeros complejos multicelulares, porque estos requerían de la aparición y evolución de complejas moléculas receptoras y mecanismos de transducción de señales, para que esta masa de células pudiera funcionar concertadamente, como si fueran un único organismo.

Se cree que las primeras formas de vida multicelulares macroscópicas y con morfologías complejas aparecieron en el periodo Ediacárico, hace unos 635 – 542 millones de años. Las primeras evidencias fósiles de ello fueron encontradas en una región canadiense conocida como Mistaken Point, en la región de Terranova y Labrador. Estos fósiles son conocidos como la biota Avalon, la cual data de hace unos 579 – 565 millones de años.

Investigadores chinos liderados por el Dr. Xunlai Yuan del Instituto de Geología y Paleontología  de Nanjig, reportaron el descubrimiento de nuevas evidencias fósiles de los que podrían ser los organismos multicelulares macroscópicos complejos más antiguos del planeta (biota Lantian), ya que fueron encontrados en sedimentos ediacáricos que datan de hace unos 551 – 635 millones de años, mucho más antiguos que la biota de Avalon. El artículo fue publicado el 16 de Febrero en Nature.

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Los investigadores encontraron alrededor de 3,000 especímenes fósiles perfectamente preservados los cuales mostraron un considerable grado de diversidad taxonómica y morfológica. Los fósiles fueron divididos en cinco grupos morfológicos; sin embargo, fue imposible determinar su filogenia. Los grupos morfológicos A y B se parecen mucho a las algas modernas, los del grupo C tienen la forma de los cnidarios (anémonas y medusas), y los grupos D y E son más enigmáticos pero parecen ser unos gusanos primitivos.

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Los investigadores estimaron que los fósiles corresponden al menos a 15 diferentes morfoespecies y a diferencia de los fósiles pre-ediacáricos, la biota Lantian presenta una mayor diversidad y complejidad morfológica, lo que indicaría que si se trata de organismos multicelulares y no sólo de simples agregados de células eucariotas.

Al hacer un estudio geoquímico de los sedimentos que rodeaban los fósiles, los investigadores determinaron que estos organismos vivían en zonas ricas en oxígeno, lo cual es lógico, ya que todos los organismos multicelulares complejos requieren de oxígeno para poder vivir, debido a las grandes cantidades de energía requeridas para poder realizar todas sus funciones. 

Entonces, la aparición de los organismos multicelulares complejos podría haber ocurrido primero en las zonas superficiales y luego en las más profundas, lo que va en contra de las teorías que actualmente se manejan, que dicen que fue la oxigenación de los océanos profundos los que provocaron el surgimiento de organismos más complejos.

Referencia:

Xunlai, Y., et al. An early Ediacaran assemblage of macroscopic and morphologically differentiated eukaryotes. Nature 470, 390–393 (2011). doi: 10.1038/nature09810

27 marzo, 2012

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La planta peruana que ataca el dolor de muelas

Hoy se publicó en New Scientist una interesante entrevista a Françoise Barbira Freedman, una antropóloga médica de la Universidad de Cambridge que vivió muchos años junto a los pobladores de Lamas, una comunidad nativa de la selva peruana, en el departamento de San Martín. Un día Françoise sufrió de fuertes dolores molares y los pobladores la trataron con una planta que le alivió el dolor rápidamente. Ahora, ella llevará este poderoso analgésico a las masas.

Aquí una traducción libre de dicha entrevista:

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¿Qué te llevó a la comunidad quechua de Lamas en la remota Amazonía peruana?

Yo estaba fascinada por conocer acerca de las poblaciones andinas que viven en los bosques ubicados entre 200 y 800 metros de altura, donde hay una gran diversidad de flora medicinal. Los Chachapoyas que solían vivir allí intercambiaban sus plantas medicinales y psicotrópicas, resinas y plumas coloridas con los Incas. Estaba interesada en saber más acerca de los pobladores que allí viven, quienes han preservado su cultura y su conocimiento tradicional de las plantas —de manera secreta, bajo tierra— a pesar de los siglos de contacto con el mundo moderno. Esto nunca había sido estudiado antes.

¿Por qué esta tribu secreta te aceptó a ti cuando ya había rechazado a otros antropólogos?

Fui allí en 1974, cuando era una joven de 22 años, y pienso que ellos me veían como a una niña igual a sus propias hijas, y no como a una mujer. Fui adoptada por un clan y viví inicialmente con ellos por dos años, aprendiendo su dialecto quechua amazónico durante ese tiempo. En los últimos 30 años he regresado muchas veces a vivir con ellos y ahora soy un miembro del consejo de ancianos. Cuando estuve embarazada, me presentaron toda la gama de plantas medicinales ocultas y el conocimiento tradicional que ellos practicaban. Tuve acceso a ella casi sin darme cuenta. El clan me salvó la vida más de una vez con sus plantas medicinales.

Cuéntame acerca de la “hierba de los dientes”, Acmella oleracea

Es una hierba frondosa, con flores amarillas que crece sobre la tierra removida. Es nativa de esta parte del Perú, y el capullo de la flor y otras partes de la planta han sido utilizadas como una cura para el dolor de muelas durante cientos de años.

¿Cómo hiciste para producirla como un fármaco para el mercado mundial?

Cuando vivía en el clan, sufrí terriblemente por mi muela del juicio. Entonces, uno de los pobladores me dio un pequeño taco de la hierba de los dientes para morderla. Era muy eficaz para calmar el dolor, con una duración de una hora antes de necesitar otro taco fresco. Traje esta planta a la Universidad de Cambridge en el 2004, junto a otras hierbas medicinales, para un colega neurofarmacólogo interesado en estudiarlas. Esta es la primera vez que se ha probado y ha funcionado bien como anestésico en los dos primeros ensayos clínicos realizados.

¿Los Lamas verán algún beneficio del nuevo fármaco si éste sale al mercado, según lo previsto, en el 2014?

Hemos invertido dos años trabajando con los abogados para elaborar un contrato —aprendiendo de los mejores aspectos de otras compañías farmacéuticas— para asegurar que los pobladores Amazónicos se beneficien de un porcentaje de las ganancias con iniciativas de conservación y educación. Estamos distribuyendo el dinero a través de Organismos No Gubernamentales locales (ONGs) de larga trayectoria y confianza. Hasta el momento hemos creado un hermoso jardín medicinal para conservar las plantas utilizadas en la salud de la mujer. También queremos construir un centro de formación para enseñar a la comunidad las habilidades de producción de remedios y medicinas que yo he aprendido, pero que la nueva generación lo ha perdido.

Vía | New Scientist.

27 septiembre, 2011

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Crónicas del plancton—espectaculares video marinos y más

He encontrado una página muy interesante que tal vez algunos de ustedes conozcan, se trata de Crónicas del Plancton y es un proyecto realizado por la Expedición Tara Oceans y el Observatorio Oceanológico de Villefranche-sur-mer quienes realizan videos mostrando la belleza de la biodiversidad marina enfocándose principalmente en los protistas, nidarios y otros invertebrados divididos en 13 videos con sus respectivas galerías de imágenes bien explicativas.

Erizos - Nacimiento planctónico from Parafilms on Vimeo.

Terópodos - Moluscos que nadan from Parafilms on Vimeo.

Así que les recomiendo invertir una hora de sus vidas para aprender un poco sobre estos fascinantes organismos.

Link | Crónicas del Plancton.

24 agosto, 2011

Científicos estiman que hay 8.7 millones de especies en la Tierra

Sabemos aproximadamente cuántas estrellas hay en nuestra galaxia —unas 200,000 millones— o cuántos libros hay en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos —22’194,656 para ser exactos— pero no sabemos cuántas especies diferentes hay en nuestro planeta. Las aproximaciones ‘más exactas’ dicen que hay entre 3 y 100 millones, mientras que otras dicen que son menos de 10 millones. Según un artículo publicado ayer en PLoS Biology, en el planeta hay 8.7 millones de especies, con un margen de error de ±1.3 millones. ¿Cómo llegaron a este valor?

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Creo que sería sumamente vergonzoso si un día nos visitan seres de otro planeta y nos preguntan “¿cuántas formas de vida (especies) diferentes hay en tu planeta?” y nosotros no sepamos qué responder. Saber el número de especies que hay en la Tierra ha sido una de las preguntas más elusivas de la ciencia durante los últimos 250 años —desde que Carlos Linneo estableció la nomenclatura binomial y la taxonomía.

Actualmente se han nombrado y catalogado alrededor de 1.3 millones de especies diferentes. Con las especies conocidas se han hecho una serie de estimaciones y extrapolaciones para determinar el número total de especies que habitan nuestro planeta. Según las estimaciones de May —en base a la extrapolación de frecuencias de las especies grandes y pequeñas— hay entre 10 y 50 millones. Según la gradiente latitudinal de especies de Raven, hay entre 3 y 5 millones. Cada autor emplea un factor distinto para estimar el número de especies en el planeta y los valores obtenidos difieren mucho unos con otros.

El problema de estas estimaciones es que tienen una base empírica limitada y dependen fuertemente de la subjetividad con la que se evalúen. Por otro lado, los esfuerzos de los taxónomos para caracterizar cada una de las especies que hay en el planeta están divididos prácticamente por igual para cada grupo de organismos, a pesar que en algunos de ellos el número de especies sea 10 o 100 veces superior al de otros grupos.

En el presente artículo, Mora et al. ofrecen una nueva estrategia para estimar el número de especies que hay en la Tierra en base a la jerarquía taxonómica establecida por Carlos Linneo en el siglo XVIII (especies, géneros, familias, órdenes, clases, filos). Resulta que las categorías taxonómicas superiores están mejor descritas y caracterizadas que las inferiores, que es donde hay mayores incertidumbres. Esto quiere decir que se sabe con mayor exactitud cuántos filos, clases, órdenes o familias hay que géneros o especies.

Mora et al. observaron que el número de taxas que había dentro de cada categoría taxonómica, aumentaba a medida que se avanzaba hacia las categorías taxonómicas inferiores siguiendo un patrón predecible. Usando una regresión estadística se podía estimar el número aproximado de especies que había en cada género.

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Para corroborar el funcionamiento de esta estrategia, los investigadores aplicaron esta aproximación a 18 grupos taxonómicos donde el número total de especies que lo conforman es relativamente conocido. Los resultados demostraron que la estrategia desarrollada en el presente trabajo fue capaz de predecir, casi de manera precisa, el número de especies que habían en los grupos taxonómicos analizados.

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De esta manera, Mora et al. calcularon que en el planeta hay unas 8.74 millones de especies diferentes de organismos eucariotas (~7.77 millones de especies de animales, ~298,000 especies de plantas, ~611,000 especies de hongos, ~36,400 especies de protistas, y ~27,500 especies de algas), con un margen de error de ±1.3 millones. De todas estas especies, aproximadamente 2.2 millones son marinas. Sin embargo, en esta estimación no se consideraron a las arqueas ni a las bacterias porque muchas de sus categorías taxonómicas superiores no están bien definidas.

Es muy complicado categorizar a las bacterias dentro de una determinada especie.  Es importante notar que en los procariotas, el concepto de especies tolera un mayor grado de disimilaridad genética a diferencia de los eucariotas, y los procesos de transferencia horizontal de genes complican más el trabajo. En el presente estudio, los investigadores estimaron que hay unas 10,100 especies de bacterias como mínimo, de las cuales unas 1,320 son marinas.

Si existen 8.74 millones de especies, tan sólo hemos logrado describir el ~14% de las especies terrestres y el ~9% de las marinas, en los 250 años que lleva existiendo la clasificación taxonómica. En los últimos 20 años, se han descrito un promedio de 6,200 especies por año. Por otro lado, un taxónomo describe un promedio de 25 especies durante toda su carrera, a un costo de $48,500 por especie. Entonces, haciendo un poco de matemáticas veremos que si se mantiene este ritmo tardaremos 1,200 años en describir todas las especies que aparentemente faltan, necesitaremos 303,000 taxónomos y una inversión de $364,000 millones. Sin embargo, a nuestro ritmo actual de extinción de especies (100 a 1,000 veces superior a la extinción natural), muchas especies se extinguirán antes que las podamos estudiar y caracterizar.

Por suerte, gracias a la genética molecular, el proceso de identificación y caracterización de una especie puede tomar menos tiempo, requerir menos dinero y menos taxónomos. El Consorcio del Código de Barras de la Vida viene trabajando en ello. Esto no significa que no se requerirán de más taxónomos en el futuro, todo lo contrario, su papel es el más importante de todos al momento de identificar una nueva especie ya que son ellos los más indicados para recolectar los especímenes sin correr el riesgo que se trate de una especie descrita anteriormente. Además, aún no se ha determinado en que punto una especie es una especie en base a su material genético, ¿qué porcentaje de similaridad genética será el límite para considerar que dos organismos son de diferente especie?


Referencia:

ResearchBlogging.orgMora, C., Tittensor, D., Adl, S., Simpson, A., & Worm, B. (2011). How Many Species Are There on Earth and in the Ocean? PLoS Biology, 9 (8) DOI: 10.1371/journal.pbio.1001127

11 agosto, 2011

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Los ecosistemas se mantienen en un mundo cambiante gracias a la biodiversidad

No hay dudas que la biodiversidad mundial se está reduciendo poco a poco debido principalmente a la actividad humana (Ej.: expansión de las ciudades, extracción de los recursos naturales, contaminación de los ríos, etc.). Debido a esto, se han lanzado argumentos para conservar determinadas especies o ecosistemas creando áreas naturales protegidas y zonas de conservación. Sin embargo, aún no está claro si se requieren de muchas o pocas especies para mantener un ecosistema. Un grupo internacional de investigadores ha demostrado que un mayor número de especies permite mantener funcionando un ecosistema durante más años según un artículo publicado en Nature.

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He escuchado hasta el cansancio decir que el Perú es un país megadiverso —somos el quinto país en el mundo en número de especies. Contamos con el 10% de todas las especies de plantas conocidas (unas 25,000 aprox.) de las cuales el 30% son endémicas. De estas 25,000 especies, unas 5,000 tienen usos tradicionales (Ej. medicinales, alimenticias, colorantes, alucinógenas, etc.). Sin embargo, la biodiversidad no sólo sirve para presumir de ella, sino que conforman algo más grande e importante llamado ecosistema.

Todas aquellas especies que se relacionan entre sí en un estrecho equilibrio con su entorno físico forman un ecosistema. Así que nuestra mayor riqueza es la gran cantidad de ecosistemas diferentes que tenemos.

Los ecosistemas nos proveen de alimentos, medicinas, materiales de construcción, agua para beber y regar; regulan el clima y el brote de enfermedades [Leer este artículo en BioUnalm]; permiten que nuestros desechos se vuelvan a convertir en nutrientes (ciclo del carbono y nitrógeno); y por si fuera poco, nos proveen de lugares de distracción y recreación. A todo esto se le conoce como Servicios de los Ecosistemas. Entonces, si la pérdida de la biodiversidad afecta el funcionamiento de los ecosistemas, directamente también nos afecta a nosotros.

Si nos ponemos a estudiar un ecosistema, nos daremos cuenta que está formado por decenas, cientos o hasta miles de especies diferentes (dependiendo del ecosistema), desde gigantescos arbustos hasta insignificantes hormigas, pasando por aves, hongos y, por qué no, bacterias. Ahora analicemos que pasaría si quitamos a una de las especies del ecosistema, ¿dejará de funcionar?. Tal vez esa especie no cumpla con una función importante en el ecosistema y pase desapercibida si desaparece. Tal vez hay muchas especies de las cuales se puede prescindir y aún así no afectar la funcionalidad del ecosistema, o sea, son pocas las especies necesarias para que un ecosistema funcione adecuadamente. O tal vez pueda ser el caso de que cada una de las especies, por más insignificantes que sean, cumplen un rol minúsculo pero importante en el ecosistema.

Hasta ahora no se tiene una respuesta clara para estas hipótesis. Hay estudios que dicen que se requiere de pocas especies, ya que los servicios de los ecosistemas se sustentan en ciertos grupos de especies y no en todas las que conforman el ecosistema; mientras que otros dicen que se requiere de una mayor diversidad de especies porque todos interactúan e influyen en el comportamiento de las otras.

Los resultados contradictorios se deben a que los estudios se enfocan en una determinada función del ecosistema, digamos como ejemplo, reposición de nutrientes al suelo. Si sólo nos enfocamos en esa función, obviamente no todas las especies que conforman el ecosistema estarán involucrados en la degradación de la biomasa muerta y la liberación de nutrientes. Así que aquellas especies que no formen parte de esta función serán prescindibles. En otras palabras, al analizar un sólo contexto funcional no se requerirá de mucha biodiversidad para mantener el servicio del ecosistema.

Sin embargo, que pasa cuando se analiza un ecosistema como un todo, o sea multifuncional, pero no sólo en un espacio y tiempo dado, sino a lo largo del tiempo, en diferentes lugares y en un ambiente cambiante. Se ha hipotetizado que un mayor número de especies, o sea una mayor biodiversidad, promueve el mantenimiento de los servicios de los ecosistemas cuando se toma en consideración todos estos factores.

Para esquematizar este párrafo les pongo la siguiente imagen, donde se puede ver un estudio que toma en consideración dos funciones y dos tiempos diferentes. La hipótesis nula (Ho) es NO y la hipótesis alternativa (Ha) es YES. Para este caso, todas las Ho fueron rechazadas. Los símbolos corresponden a especies diferentes.

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Entonces, para entrar en el artículo, lo que hicieron Isbell et al. fue tomar los datos de 17 estudios de biodiversidad diferentes hechos en Europa [Puedes ver los estudios usados en la Información Suplementaria del artículo], considerando múltiples tiempos, espacios, funciones y ambientes cambiantes y enfocándose sólo en las especies de plantas que viven en las praderas europeas.

Cuando los investigadores analizaron los contextos funcionales individualmente —una determinada función, en un momento y espacio dados— observaron que sólo el 27% de las 147 especies de plantas estudiadas promovían y mantenían el ecosistema funcionando. Esto quiere decir que la gran mayoría de especies tenían funciones redundantes (también conocido como superposición de funciones) y que tal vez su presencia no sea indispensable. Este resultado concuerda con el obtenido con aquel estudio que decía que se requiere de pocas especies para mantener funcionando un ecosistema.

Sin embargo, cuando analizaron todas las funciones en diferentes contextos de espacio, tiempo y ambientes cambiantes, el número de especies que mantenían funcional el ecosistema aumentaban a medida que se incrementaban el número de contextos funcionales diferentes. Según los datos obtenidos por Isbell et al. el 84% de las 147 especies de plantas promovían y mantenían el funcionamiento del ecosistema —la superposición de funciones se reducía.

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Estos resultados demuestran claramente que se requiere de un mayor número de especies, o sea, una mayor biodiversidad, para promover y mantener el funcionamiento de los ecosistemas a lo largo de los años, en diferentes regiones y en ambientes que cambian constantemente, algo que es muy común en nuestros días. Por otro lado, aquellas especies que promovían una determinada función en diferentes años, no eran las mismas que promovían varias funciones en un mismo año (Fig 2d).

Todo esto se traduce a que los servicios de los ecosistemas estarán asegurados siempre y cuando conservemos la biodiversidad, ya que tendrán la capacidad de responder y adaptarse a los ambientes cambiantes de nuestros días.

Sin embargo, este estudio sólo ha tomado en cuenta a las especies de plantas que hay en las praderas europeas, sería muy interesante hacer el mismo estudio en zonas con una mayor diversidad biológica como en la Amazonía, Borneo, la Sabana Africana. Sin dudas sería un trabajo mucho más difícil por el gran número de especies de plantas diferentes que hay en esas regiones. Por otro lado, el estudio estaría completo si también se toma en cuenta las especies de animales y de microorganismos, los cuales también juegan roles importantes en los ecosistemas.


Referencia:

ResearchBlogging.orgIsbell, F., Calcagno, V., Hector, A., Connolly, J., Harpole, W., Reich, P., Scherer-Lorenzen, M., Schmid, B., Tilman, D., van Ruijven, J., Weigelt, A., Wilsey, B., Zavaleta, E., & Loreau, M. (2011). High plant diversity is needed to maintain ecosystem services Nature DOI: 10.1038/nature10282

Esta entrada participa en el Carnaval de Biología de Verano (2° parte) celebrado en ¡Jindetrés Sal!

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08 julio, 2011

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Los osos polares modernos descienden de los osos pardos irlandeses

Los osos polares (Ursus maritimus) es tal vez la especie más susceptible al cambio climático debido al rápido deterioro de sus hábitats naturales —el Ártico. Con el fin de desarrollar estrategias de conservación para esta especie, el cual involucra un programa de repoblamiento, un grupo internacional de científicos liderados por el Dr. Ceiridwen J. Edwards de la Universidad de Dublin (Irlanda) han descubierto que el ancestro maternal de todos los osos polares modernos es un oso pardo irlandés (ahora extinto) según un artículo publicado hoy en Current Biology.

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Si bien los osos polares y los osos pardos actuales son sumamente diferentes en términos del tamaño corporal, color del pelaje, tipo de piel, estructura de los dientes, comportamiento, y muchas otras características más; se ha observado que estas dos especies se han cruzado y mezclado reiteradas veces durante los últimos 100,000 años, es más, actualmente se han reportado casos de híbridos naturales en Canadá y en algunos zoológicos, generando descendientes fértiles, lo que indicaría que estas dos especies tienen una historia evolutiva bastante cercana.

Estudios previos ya habían demostrado que los osos pardos han contribuido con material genético mitocondrial —los cuales se heredan exclusivamente por línea materna— a los osos polares, pero hasta ahora no se sabe cuándo y cómo ocurrió eso, aunque ciertos investigadores sugieren que el ancestro maternal de los osos polares modernos vivió en Alaska hace tan sólo 14,000 años.

Para dar una respuesta definitiva a esta interrogante, Edwards et al. recolectaron el material genético de 242 osos de 14 diferentes localidades. Dentro del material colectado se encontraban muestras de fósiles de osos polares que vivieron hace 8,000 años, así como también, muestras de osos polares modernos. Además lograron colectar muestras de 23 fósiles de osos pardos irlandeses encontrados en distintas cuevas de la isla para obtener una historia evolutiva de los últimos 120,000 años y determinar en que momento se fijó el ADN mitocondrial de los oso polares modernos.

Al comparar las secuencias genéticas, Edwards et al. encontraron que el ADN mitocondrial de los osos polares modernos se fijó en la población hace unos 50,000 años, justo en antes —o durante— el pico máximo de la última glaciación. Lo más resaltante de este descubrimiento fue que el los osos polares modernos compartían gran parte de su ADN mitocondrial con el de osos pardos irlandeses, los cuales se extinguieron hace unos 9,000 años, sugiriendo que estas dos poblaciones de osos —los polares ancestrales y los irlandeses— estuvieron en contacto durante mucho tiempo antes de la desaparición de estos últimos.

Los investigadores sugieren que fueron los cambios climáticos —glaciaciones y calentamientos globlales— los que favorecieron la hibridización entre estas dos especies de osos. Por ejemplo, durante los periodos cálidos, los hielos se derretían y los niveles del mar aumentaban, forzando a los osos polares a permanecer más tiempo en tierra firme buscando alimento. Es en este momento donde se topaban con poblaciones de osos pardos que habitaban la isla irlandesa y se mezclaban. Nuevamente, cuando regresaba los periodos fríos, los osos polares regresaban a los casquete polares. Durante las épocas frías, los osos pardos se acercaban a los territorios de los osos polares y las poblaciones se mezclaban. Esto ocurrió reiteradas veces en los últimos 120,000 años.

Por esta razón, los biólogos conservacionistas están evaluando la posibilidad de conservar, no sólo a los osos polares, sino a los híbridos con los osos pardos, ya que según la historia evolutiva de los osos, los híbridos fueron importantes para el mantenimiento de la especie. Sin embargo, ahora quedaría por analizar el genoma nuclear, el cual pasa a los descendientes tanto por línea materna como paterna, para determinar en que medida afecta la hibridización a la diversidad genética, algo fundamental cuando se plantean estrategias de conservación.


Referencias:

Edwards, CJ; et al. Ancient Hybridization and an Irish Origin for the Modern Polar Bear Matriline. Current Biology. doi: 10.1016/j.cub.2011.05.058 (2011).

Vía | PhysOrg, Science NOW & WiredScience.

09 junio, 2011

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¿Cómo vive una araña bajo el agua?

El día de hoy se publicó un artículo en The Journal of Experimental Biology que ha sido muy comentado en muchos medios de comunicación científica (msnbc, NERS, ScienceNow, Nature News, New-Scientist, entre otros). El artículo nos explica cómo hacen las arañas de la especie Argyroneta aquatica para poder vivir bajo el agua a pesar de respirar oxígeno como todas las demás arañas.

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La A. aquatica es una pequeña araña de tan solo 1cm de largo que habita los ríos y estanques del norte de Europa. Esta es la única especie de araña que pasa casi toda su vida bajo el agua a pesar de respirar oxígeno, tal como lo hacen el resto de arañas. Lo que le permite sobrevivir bajo el agua es una burbuja de aire —similar a una campana de buceo— fabricada con su telaraña.

Lo que les pareció extraño a los científicos es que estas arañas no necesitaban salir constantemente a la superficie para recargar sus burbujas de aire, es más, tan sólo lo hacían una vez al día. Roger Seymour de la Universidad de Adelaida y Stefan Hetz de la Universidad Humboldt de Berlín descubrieron que estas estructuras son más que unas campanas de buceo estáticas, ya que funcionan de manera similar a las agallas de los peces, capturando el oxígeno que se encuentra disuelto en el agua.

Seymour & Hetz colectaron 12 de estas arañas del río Eider en Alemania. Luego las llevaron a su laboratorio y las criaron en estanques diseñados para la experimentación. Usando unos cables de fibra óptica con un detector de oxígeno en un extremo, los investigadores se dieron con la sorpresa de que el oxígeno podía entrar directamente (difusión) a través de la telaraña, y fue lo suficiente como para que la araña pudiera vivir sin problemas.

Cuando las arañas respiran, consumen oxígeno que se encuentra dentro de las burbujas de aire. Con el tiempo, los niveles de oxígeno del agua serán mayores a los encontrados dentro de las burbujas y difundirán fácilmente a través de la telaraña. Lo mismo ocurre para el caso del COq pero en el sentido contrario, los niveles de CO2 serán mayores dentro de la burbuja y por lo tanto difundirán fuera de la burbuja.

Cuando las arañas eran más grandes o desarrollaban actividades metabólicas más complejas (Ej.: poner huevos, alimentarse, etc.) las burbujas también se hacían más grandes. El problema radica en que a medida que pasa el tiempo, la burbuja se encoje porque el nitrógeno presente en el aire al momento de cargar la burbuja se pierde y no se vuelve a recuperar, generando un encogimiento y posible colapso de la burbuja. Por esta razón, la araña debe subir a la superficie para recargar su burbuja de aire y evitar que esta colapse.

Por otro lado, las A. aquatica también demostraron una tremenda tolerancia a bajos niveles de oxígeno, ya que son capaces de vivir con tan sólo con el 10 al 20% de los niveles de oxígeno que se encuentran en el aire (1 – 4KPa).


Referencia:

Seymour RS & KH Stefan. The diving bell and the spider: the physical gill of Argyroneta aquatica. The Journal of Experimental Biology. 214: 2175 – 2181. doi: 10.1242/​jeb.056093

02 junio, 2011

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Se encuentran nemátodos viviendo a más de 1Km bajo tierra

La vida no sólo se desarrolla en la superficie terrestre y en los océanos. A cientos de metros bajo tierra, en la zona conocida como subsuelo profundo, podemos hallar una gran cantidad de organismos unicelulares —principalmente bacterias y arqueas termofílicas— viviendo felices de la vida. Debido a las condiciones de este entorno (altas temperaturas, bajos niveles de oxígeno y altas presiones), las posibilidades de encontrar organismos más complejos es prácticamente nula. Sin embargo, un grupo de investigadores liderados por el Dr. Gaëtan Borgonie, reportaron haber encontrado nemátodos habitando zonas entre 0.9 y 3.6Km de profundidad según un artículo publicado ayer en Nature.

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A pesar que los Eucariotas, Bacterias y Arqueas viven juntos en casi todos los rincones de la Tierra, a medida que uno empieza a adentrarse en el subsuelo, la cantidad de eucariotas va disminuyendo. A 200m de profundidad hay de 0.1 – 10 eucariotas por gramo de suelo, principalmente hongos, algas y amebas; pero esta cantidad se reduce a tan sólo 0.01 – 1 hongo por mililitro cuando se alcanza los 450m de profundidad, en las fracturas del subsuelo llenas de agua.

Borgonie et al. tomaron muestras del agua que había en las perforaciones hechas en las minas de oro de Sudáfrica (país donde se encuentran las minas más profundas del planeta), encontrando unos nemátodos —nunca antes descritos— viviendo a 1.3 Km de profundidad. El estudio de ADN reveló que estos nemátodos pertenecían al grupo de los Halicephalobus, por lo cual fueron nombrados como H. mephisto*. 

Mephisto hace referencia al demonio Mefistófeles, ‘el señor del inframundo’, que deriva del vocablo pseudo-griego que significa “el que no ama la luz”.

El tamaño de este pequeño nemátodo es bastante similar a sus parientes de la superficie, miden tan sólo ~0.5mm, de forma muy alargada con una cola extensa. Este pequeño animalito es bastante resistente a pesar de su simplicidad, es capaz de soportar altas temperaturas, así que no sería extraño que habite estas zonas.

mefisto

Los investigadores también tomaron muestras de otras perforaciones ubicadas en otras minas de Sudáfrica. Las muestras se obtuvieron de profundidades entre 0.5Km y 3.6Km. Para descartar que la presencia de nemátodos se deba a algún tipo de contaminación con organismos de la superficie, los investigadores también tomaron muestras del suelo alrededor de las perforaciones y del agua que usa la mina para excavar estos profundos pozos. Los resultados fueron muy alentadores: ninguno de los dos tenía ni un nemátodo, aunque si había presencia de otros microorganismos formando biopelículas.

Al analizar las muestras de otras minas, Borgonie y sus colaboradores encontraron otras dos especies más de nemátodos: Plectus aquatilis y un espécimen desconocido del orden Monhysterida. Pero uno de los descubrimientos más notorios se dio en la mina de oro Tau Tona, donde los investigadores encontraron, a 3.6Km de profundidad, muestras de ADN de un cuarto grupo de nemátodos.

Cada nemátodo se alimentan de unas 10,000 bacterias al día. Debido a la densidad poblacional microbiana que hay en el subsuelo (~1010 – 1012), los nemátodos tendrían asegurada la comida por unos 30,000 años. Así que es esta asociación de los nemátodos con las biopelículas las que les permiten vivir a estas profundidades.

Gracias a este trabajo, los horizontes donde podemos encontrar vida compleja se han expandido mucho más, incluso llegando a cientos de metros de profundidad. Esto podría abrir las puertas para cambiar las estrategias de búsqueda de vida en otros planetas, equipando a las sondas espaciales de potentes taladros que permiten ver que hay en las profundidades del subsuelo marciano, o en una de las lunas de Saturno conocida como Encelado.


Referencia:

ResearchBlogging.orgG. Borgonie, A. García-Moyano, D. Litthauer, W. Bert, A. Bester, E. van Heerden, C. Möller, M. Erasmus, & T. C. Onstott (2011). Nematoda from the terrestrial deep subsurface of South Africa Nature, 474, 79-82 DOI: 10.1038/nature09974

11 mayo, 2011

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Muestras de ADN ambiental redefinen el árbol de la vida de los hongos

Los hongos (Reino: Fungi) forman parte importante de cualquier ecosistema del planeta, ya que son los principales responsables de la degradación de toda la biomasa muerta que hay en él y, además, pueden establecer relaciones simbióticas con muchas especies de plantas y animales. Sin embargo, se sabe muy poco acerca de su historia evolutiva. Científicos británicos descubrieron que existe un grupo muy diverso de hongos primitivos, muy relacionados con el género Rozella, a los cuales agruparon en un nuevo clado llamado Criptomycota (Cryptomycota), según reportaron hoy en Nature.

cryptomycota

Los hongos se presentan de dos formas típicas: levadura y filamentos, caracterizándose por tener una pared celular rígida hecha a base de quitina, la cual les permitió adaptarse a los diferentes hábitats que hay en el planeta. Sin embargo, nuestro entendimiento sobre la historia evolutiva de los hongos sólo se limita a aquellos que hemos podido aislar y cultivar en el laboratorio. Existe una gran cantidad de especies de hongos que no han podido ser cultivados y mucho menos descritos. Por esta razón, se deben idear estrategias que permitan estudiarlos in situ.

Fue así que la Dra. Meredith Jones de la Universidad de Exeter y sus colaboradores colectaron muestras de agua y sedimentos de un pequeño estanque local, para extraer el ADN total presente en él (ADN ambiental). Luego, analizaron estas secuencias de ADN y buscaron las regiones correspondientes a la subunidad pequeña del ADN ribosomal (SSU ADNr) de los hongos para compararlas con las mismas secuencias pero de hongos ya caracterizados previamente —disponibles en el GenBank—, para así construir un árbol filogenético (un diagrama que permite observar las relaciones evolutivas entre diferentes especies).

Al observar el árbol se llevaron una gran sorpresa, las secuencias correspondientes al ADN ambiental formaban un grupo diferente de hongos. Para profundizar el estudio, Jones et al. hicieron el mismo análisis con datos de ADN ambiental de otros hábitats y regiones geográficas del mundo —también disponibles en el GenBank— y observaron muchas secuencias caían dentro de este nuevo grupo, tanto así que llegaba a ser tan diverso como los otros siete grupos hongos juntos. Por otro lado, el árbol filogenético mostró que esta nueva rama apareció muy temprano en la historia evolutiva de los hongos, junto con los miembros del género Rozella, quienes eran considerados como los hongos más primitivos hasta ahora. A este nuevo grupo lo llamaron los Criptomycota (sombreado en rojo).

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Sin dudas fue un descubrimiento sorprendente… ¿cómo fue que un grupo tan diverso de hongos había sido ignorado por completo en el árbol de la vida este reino? El grupo es tan grande que hasta podría haber formado su propio filo.

La excitación fue tan grande que ahora los investigadores querían saber todo sobre este nuevo clado. Para ello usaron sondas fluorescentes conjugadas con anticuerpos monoclonales y secuencias de ADN, que reconocen moléculas específicas de la célula o regiones específicas del material genético del hongo, respectivamente. A esta técnica se la conoce como FISH (Hibridación Fluorescente in situ).

Usando la Amplificación de la Señal con Tiramida (Primera figura: TSA-FISH), se pudo determinar la forma (ovoides) y tamaño (3 – 5μm) de los Criptomycotas. Luego, usando el anticuerpo monoclonal TAT1, el cual se une específicamente a la α-tublina —principal componente estructural de los flagelos— los investigadores evidenciaron la presencia de zoosporas (esporas flageladas móviles sumamente primitivas). También habían otras células que no presentaban flagelo (15 – 53%), lo que indicaría que se encuentran en una forma de quiste, tal como en los quitridios. Los Criptomycotas fueron identificados usando una sonda de ADN —que reconoce y se hibridiza una secuencia específica del genoma de esos hongos— marcada con DAPI.

Por otro lado, los investigadores observaron evidencias de una tercera fase en su ciclo de vida. En esta fase, los Criptomycotas no flagelados se adhieren a un grupo diferente de células, sobre todo con diatomeas, posiblemente en una asociación saprófita o parasitaria. Sin embargo, este comportamiento no fue muy común y tal vez se deba a la interacción directa que hay con los microorganismos que viven en el mismo ambiente con ellos.

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Por ahora, la única forma que tenemos de estudiarlos es de esta manera, in situ, ya que si pudieran ser cultivados en el laboratorio, se podrían controlar muchos parámetros, para saber que tipo de asociación tienen con estas células. Estas técnicas in situ tampoco permitieron detectar estadíos celulares claves como los tubos germinativos de las esporas, rizoides, hifas, esporangios y características de la división celular (mitosis).

La pared celular en los hongos ha sido una de las adquisiciones más importantes en su evolución, ya que les ha permitido diversificarse en ambientes con altas presiones osmóticas y alimentarse directamente mediante la osmotrofía. El género Rozella, que se encuentra ahora dentro del clado Criptomycota, no tiene la capacidad de producir pared celular, pero si es capaz de tomarla “prestada” de las células a las cuales infecta.

Para determinar si el resto de los Criptomycotas ahora descubiertos producen o no pared celular, los investigadores usaron una combinación de TSA-FISH y dos tintes: el blanco de calcoflúor, para evidenciar la presencia de una pared celular rica en quitina y celulosa; y la Lectina (una aglutinina del germen de trigo), la cual evidencia la presencia de quitina. Los resultados fueron negativos, ninguno de los Criptomycotas genera pared celular micótica.

Con esto se podría concluir que una de las características claves del reino Fungi —una estrategia de crecimiento y desarrollo en base a pared celular rígida compuesta de quitina— no se encuentra presente en el ciclo de vida de los Criptomycotas. Sin embargo, aún faltan muchas cosas por investigar en este nuevo grupo de hongos, de ahí el origen de su nombre (krypto: oculto, misterioso”). Además, cabe recordar que el nombre Criptomycota aún es tentativo.


Referencia:

ResearchBlogging.orgJones, M., Forn, I., Gadelha, C., Egan, M., Bass, D., Massana, R., & Richards, T. (2011). Discovery of novel intermediate forms redefines the fungal tree of life Nature DOI: 10.1038/nature09984

Nota: Por mantenimiento de Blogger, esta entrada será publicada a las 00:45 (Hora local) del 12/05/11.

06 mayo, 2011

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En Chernóbil, las aves coloridas no tienen la ventaja

En el mundo natural es común observar que aquellos animales que son más coloridos, tienen las mayores chances para encontrar una pareja y aparearse. Ser coloridos y llamativos parece ser una ventaja evolutiva ya que asegura la generación de descendientes y, por ende, el traspaso de sus genes a la siguiente generación. Sin embargo, esto no parece ser así en Chernóbil.

Hace 25 años, cerca a la ciudad de Prípiat, uno de los reactores de la central nuclear de Chernóbil estalló, liberando grandes cantidades de productos de fisión altamente radiactivos, siendo considerada como la mayor catástrofe nuclear de la historia. A pesar que ya pasó un cuarto de siglo, los niveles de radiactividad siguen siendo elevados, y lo seguirán siendo por muchos años más.

Se sabe que la radiación es capaz de dañar el ADN, rompiéndolo y generando mutaciones que a la larga podrían generar un cáncer. La mayoría de los estudios enfocados en los efectos nocivos de la radiación se han dado a nivel celular e individual, pero no a nivel poblacional. Es así que, el desastre nuclear de Chernóbil ha dado la oportunidad única a los científicos para estudiar los efectos de la radiación a nivel de las poblaciones de animales que habitan cerca a la zona del desastre.

El Dr. Ismael Galván de la Estación Biológica de Doñana (CSIC – España) y sus colaboradores han hecho un estudio ecológico a largo plazo. Desde 1998 han recolectado datos poblacionales de unas 97 especies de aves que habitan en áreas altamente contaminadas cerca a la centra nuclear de Chernóbil, encontrando que aquellas que tienen las plumas más coloridas han reducido su número de manera considerable, a diferencia de aquellas que tienen las plumas negras o grises según reportaron el mes pasado en Oecologia.

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Los investigadores creen que la respuesta está en los antioxidantes.

La radiación provoca que las moléculas se ionicen (de ahí el nombre de radiación ionizante). Las moléculas ionizadas son altamente reactivas y pueden dañar otras biomoléculas, por ejemplo, el ADN. La radiación tiene la capacidad de romper las moléculas de agua (radiólisis del agua) para formar H+ y OH-. Ambos son iones conocidos en el mundo biológico como radicales libres. Estos radicales libres reaccionan con muchas biomoléculas de nuestro cuerpo provocándoles un daño y hasta la muerte. El ADN también sucumbe ante la presencia de estos radicales libres generando mutaciones.

Por suerte existen los antioxidantes, unas moléculas capaces de atrapar e inactivar estos radicales libres.

En las aves, el color de las plumas se da gracias a la presencia de dos pigmentos: la eumelanina (un pigmento pardo-negro) que da el color oscuro a las plumas, y la feomelanina (un pigmento rojo-pardo) que da los tonos coloridos a las plumas. Cabe resaltar que estos pigmentos también dan el color al pelo de muchos vertebrados.

Resulta que la biosíntesis de la feomelanina requiere de grandes cantidades de glutatión (GSH), el principal antioxidante intracelular. Esto indicaría que aquellas aves que tengan plumas coloridas, usarán mayores cantidades de GSH, por lo tanto, tendrán menos antioxidantes para hacer frente al estrés oxidativo provocado por la radiación ionizante. Esto se traduciría en una ventaja para aquellas aves que tuvieran plumas negras o grises, ya que como la eumelanina no requiere del consumo de GSH, sus reservas de antioxidantes serán mayores, permitiéndoles soportar mayores cantidades de radiación ya que los radicales libres formados podrán ser neutralizados por la GSH.

Los investigadores comprobaron esta hipótesis a través del monitoreo de las poblaciones de aves coloridas y aves oscuras cerca a la central nuclear de Chernóbil. Los investigadores encontraron que cuando mayores eran los niveles de radiación de fondo, la cantidad de aves coloridas era menor, algo que no ocurría con las aves oscuras, quienes prácticamente no veían afectada su población si la radiación de fondo era mayor o menor.

Sin embargo, una crítica importante al trabajo fue que los niveles de pigmentos no fueron analizados usando herramientas bioquímicas precisas, por ejemplo, por HPLC. Los datos fueron obtenidos en base a la intensidad del color de las plumas de las aves, en un rango del 1 al 5 (siendo 1 los de menor intensidad). Aunque los autores argumentan que durante el último verano se tomaron muestras de sangre de ciertas aves para poder corroborar sus resultados.

Lo importante de este trabajo es que la radiación producida por un desastre nuclear podría tener un efecto significativo a nivel poblacional y se podría predecir los efectos que podría tener otro accidente nuclear en otra región del mundo. Se necesitan más estudios para analizar este mismo efecto en otras poblaciones de animales, plantas y, por qué no, en microorganismos.

Por otro lado, la naturaleza nos demuestra que puede estar preparada para todo. Lo que al inicio parecía ser una desventaja para las aves con plumas menos coloridas, ya que serían menos atractivas para las hembras que buscan a machos coloridos que las impresionen, ahora el papel se pudo haber invertido, siendo aquellos más coloridos los más desfavorecidos. De alguna manera, la naturaleza es inteligente y mantiene vivas aquellas características “menos favorables” y no las elimina por completo, como un esperaría de un proceso evolutivo.


Referencia:

Galván, I. et al. Oecologia 165, 827-835 (2011) doi: 10.1007/s00442-010-1860-5

30 abril, 2011

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La evolución del cerebro contribuye con la diversificación de especies

Si a uno le preguntan ¿cuál es el factor más importante involucrado con la diversificación de especies? muchos responderán que son las mutaciones y la selección natural. Esta bien, es correcto. Pero, esos dos no son los únicos. Científicos de la Universidad de Washington estudiaron el efecto que tenía la comunicación sensorial de una familia de peces africanos (Mormyridae)  —también conocidos como los ‘peces elefante’— en su diversificación, encontrando que en el grupo de especies más diverso, los peces tenían una región del cerebro más grande y desarrollada según reportaron ayer en Science.

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La comunicación sensorial es una herramienta muy usada en el mundo natural, la cual permite a las especies reconocerse unas con otras de manera específica. Pero, para que funcione, el animal debe tener la capacidad de reconocerla y discriminarla de otras señales presentes en su entorno. Para que esto suceda, el cerebro debe estar lo suficientemente desarrollado como para poder procesar dicha información.

La comunicación sensorial está muy relacionada con la diversificación de las especies. Si un animal aprende a reconocer determinadas señales y discriminar otras, se logrará crear un aislamiento reproductivo (el principal mecanismo de la especiación), ya que el animal sólo se relacionará con aquellos individuos que generen la misma señal y, como ya vimos en el párrafo anterior, el cerebro debe ser capaz de reconocer dicha señal. Sin embargo, nadie ha estudiado antes el efecto de la evolución del cerebro en la diversificación de señales y, por ende, en la especiación.

Los mormíridos son una familia de peces africanos con la capacidad de producir señales eléctricas. Se han descrito más de 200 especies de mormíridos, tanto filogenéticamente como sensorialmente (cada especie produce un tipo de señal diferente la cual puede ser cuantificada y caracterizada). Gracias a estas ventajas, esta familia es un excelente modelo biológico para estudiar la relación que tiene la evolución del cerebro con su diversificación.

Algo sumamente interesante en los mormíridos es que las señales han evolucionado mucho más rápido que la forma de sus cuerpos, tamaño, y ecología trófica. En otras palabras, morfológicamente las especies no son muy diferentes, pero si sensorialmente. Tal vez sea por que los ríos africanos son tan turbios que la visión se vuelve irrelevante, así que la forma más confiable de reconocerse es a través de las señales eléctricas, sino… ‘plancha quemada’.

Las señales eléctricas son producidas por un órgano eléctrico compuesto de células especiales llamadas electrocitos, que están ubicados en la cola de los mormíridos. Los electrocitos evolucionaron con la aparición de los mormíridos, y la variación morfológica del tallo de los electrocitos evolucionaron con la aparición de la subfamilia Mormyrinae. Gracias a esto, los mormíridos tuvieron la capacidad de producir diferentes tipos de señales eléctricas.

Pero no basta con producir las señales, también deben existir los receptores de señales eléctricas. En los mormíridos pueden ser de tres tipos: los órganos ampulares, los mormiromastos y los órganos de Knollen, siendo estos últimos los involucrados directamente en la comunicación sensorial.

Finalmente, la información es procesada en una región del cerebro conocida como núcleo exterolateral (EL). Esta región es la más importante en la comunicación sensorial, por esta razón, los investigadores liderados por el Dr. Bruce A. Carlson estudiaron el núcleo exterolateral de diferentes especies de mormíridos, encontrando que dentro de la subfamilia Mormyrinae, el tamaño de EL era mucho mayor y estaba dividido en dos subregiones: el núcleo exterolateral anterior (ELa) y posterior (ELp).

Ahora, la aparición de los electrocitos, la flexibilidad del tallo de los elctrocitos y el núcleo exterolateral, lo veremos evolutivamente en un árbol filogenético elaborado a partir de secuencias del Citocromo B (cytb): [Click para agrandar]

phylogeny-mormyrids

Se puede apreciar claramente que con el origen de las regiones anterior y posterior del núcleo exterolateral (Clado A), debido al aumento de su tamaño, las especies de mormíridos empezaron a diversificarse rápidamente. En términos sencillos, cuando más grande era la región del cerebro encargada de procesar la información sensorial, mayor es el grado de diversificación de las especies.

Aunque se puede ver que ELa y ELp evolucionó dos veces de manera independiente, tanto en los Mormyrinae como en los Petrocephalus microphthalmus. La diferencia radica en que en estos últimos aún no se había dado la flexibilidad del tallo de los electrocitos, así que no tenían la capacidad de producir diferentes variedades de señales eléctricas.

Pero, como vimos anteriormente, son los órganos de Knollen los encargados de recibir las señales, entonces ¿habrá alguna diferencia en la disposición de estos órganos en los mormíridos del clado A con respecto a los otros?

Al mapear la disposición de los órganos de Knollen en el cuerpo de los mormíridos, los investigadores encontraron que eran de dos tipos: unos distribuidos por todo el cuerpo y otros ubicados en regiones puntuales en la cabeza. Todos los mormíridos del clado A y los P. microphthalmus tenían los órganos de Knollen distribuidos por todo el cuerpo.

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Esto indicaría que la evolución de las regiones ELa y ELp están relacionadas directamente con la disposición de los órganos de Knollen a lo largo de todo el cuerpo (mayor área sensorial). Esto les permite tener la capacidad de percibir las señales eléctricas de manera más eficiente y poder discriminarlas una de otras.

Entonces, con una mayor capacidad para discriminar las señales, los mormíridos tenían la capacidad de elegir mejor a sus parejas (aquellas con un mismo tipo de señal), de esta manera se generaba un aislamiento reproductivo y, por lo tanto, la especiación. Por otro lado, gracias a la flexibilidad del tallo de los electrocitos, la variedad de señales fue en aumento, traduciéndose en una mayor diversificación de especies.

Así que la evolución de diferentes sistemas de comunicación tienen un profundo efecto en la diversificación de especies. Por ejemplo, en las ranas, los cambios en la estructura de su oído interno les ha permitido tener la capacidad de discriminar entre diferentes tipos de croares, lo que trajo consigo una mayor diversidad de especies en ciertos grupos de anuros. Esta es la primera vez que se demuestra el rol que cumple la evolución del cerebro en la diversificación de especies.


Referencia:

ResearchBlogging.orgCarlson, B., Hasan, S., Hollmann, M., Miller, D., Harmon, L., & Arnegard, M. (2011). Brain Evolution Triggers Increased Diversification of Electric Fishes Science, 332 (6029), 583-586 DOI: 10.1126/science.1201524